Asado bajo cero

Como es costumbre, el domingo nos hicimos un asadito. Cualquier criollo sabe que enero es un mes inmejorable para las artes del asado, ya que casi no hace falta prender el fuego para lograr una costrita dorada espectacular. Basta dejar el bovino adentro del auto, con las ventanillas cerradas y sobre una bandeja doradora de esas que venian con los BGH para que el resultado sea inmejorable [receta apta para la patagonia, en ciudades húmedas como La Plata sale un estofado].

Pero NO es el caso acá en el norte. Al igual que los lechones cumpleañeros de hace unos años, hacía frío y había nieve,  amén de un poco de hielo que se forma cuando la temperatura sube de -30 a -20 y engaña a las moléculas de agua que al igual que nosotros desesperan por un poco de calor.

La foto es elocuente, pero vale la pena decir que el resultado fue el deseado, o mas bien el añorado. Debido a que todo estaba muy fresco, y no teniamos mucha materia cárnica, pusimos la parrilla de costado, y le entramos asi, a lo bestia, derrietiendo nieve y hielos mientras la química de las proteínas, el calorcito y el humo hacían su magia.

Que ricos son los asadetes, che.

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