Capítulo 4: El Cóndor

Desde viedma hicimos un corto trayecto hasta el balneario que queda en la desembocadura del río negro: El Cóndor. Ahi teníamos una casita alquilada por una semana, y nos íbamos a encontrar con parte de la troupe platense: Agus y Lau, Pablo y Pau mas Milio e Ivi. Germancio Y Nadia arrugaron por motivos bombiles, que se pueden apreciar en el capítulo 1.

Al arribar los chicos, nosotros ya nos encontrábamos en la casa, asi que la instalada general tomó un periquete. Como la casa no tenía suficientes camas (recordad que nos había clavado el que nos iba a alquilar otra morada), recurrimos a los almohadones de los sillones, y agus y yo hicimos de yoguis para dormir en ellos. La pieza con cama doble se las dejamos a milio e ivi por embarazosas razones de dominio público, en la otra pieza cohabitamos pablito pau caro y yo, y en el living se instalaron agus y lau. Me olvidaba de ubicar a los mosquitos, que alternaban entre las paredes, y nuestras arterias aortas. Los culiados picaron de lo lindo, sobre todo las dos primeras noches, cuando parecía que nos ibana dejar como momias egipcias. Por suerte los espirales estuvieron siempre de nuestro lado. Como sea, las primeras fotos son las de la llegada

El asunto es que poco después de llegados, nos  mandamos para la playa, porqeu teniamos curiosidad de ver como eran en “el centro”. Nota: no se cuantos habitantes fijos habrá en el pueblo, pero es chico, y la mayoría de la gente que estaba por ahi es viedmense o patagonense y lo usa como parada de fin de semana o de vacaciones. Asi que salimos a pata, para ir aclimatándonos a las distancias. Yo de riguroso sombrero, para evitar incinerar la pelada.

El gran dilema, luego de ver que las playas del centro eran lindas, pero sin acantilados (y la banda quería acantilados, vértigo y descontrol), era que morfar. Una breve deliberación, y una manejadita hasta uno de los mercaditos que localizamos en la caminata, nos encaminaron hacia unas pizzas de la muerte, que preparamos en conjunto, y el exito final no es sino atribuible al trabajo de grupo (sobre todo a la hora de masticar).

Post pizza nos dedicamos a ver el planito de la zona, y decidir que se haría el día siguiente. La moción fué unánime: no importa, mientras que a la vuelta nos morfemos un asado. Asi es como decidimos ir a la lobería.

Bzzz, muchos mosquitos y calor después, nos levantamos medio tardecín, desayunamos/almorzamos, le dimos unos cuantos tirines al powerball (milio llevó el suyo, y causó furor, sobre todo en pablín, que le metió hasta endurecer el brazo a niveles titánicos), y nos aprestamos para salir a la playa. La idea era no salir muy temprano, porque el sol en verano te revienta, mas con el tema del abujero de ozono, y esas mentiras del imperialismo yanki, que nos quieren inculcar por televisión.  Asi es que salimos medio tardecín, pero como los días de verano cristinistas tienen una hora mas de sol, tuvimos suficiente.

Manejadita de por medio por el camino de la costa, llegamos a la lobería. Para llegar a la playa hay que bajar un escalerón que le evita a uno el disgusto de tener que tirarse por el acantilado para poder llegar a la playa.

Las playas de la lobería parece que se ponen lindas cuando la marea está baja, pero no fué este el caso, asi que nos conformamos con los piletones que se forman en las piedras que ofician de costa. Nos metimos en el mas grande de todos, donde parecí ahaber bastante gente, para después enterarnos que era el meadero oficial de los pibes. Pero antes de enterarnos de ello, y sin prejuicio, chapoteamos bastante y despuntamos el vicio.

Como ahi al toque está la lobería propiamente dicha (una especie de telo de lobos marinos, científicamente llamado nicho de reproducción), aprovechamos y fuimos a ver a los pestilentes animaluchos en su hábitat natural. Esta vez nos ahorramos las escaleras para bajar, porqeu parece que se ponen cabreros los bichos cuando uno les anda cerca, y estos le están arrastrando la aleta a alguna loba, asi que la mirada fué desde arribita nomás, con la mirada privilegiada que tienen los acantilados.

El asado nocturno arrancó después de la segunda visita al almacén (del cual terminamos sindo habitués),. Ahi cargamos elementos picadiles, carne y carbón, para que la larga noche se haga mas llevadera. Como todos somos muy asadores, el mando fué compartido, y el éxito final, nuevamente se debió a esa tarea de grupo. Durante la hechora, varias féminas rondaron por la parrilla, pero como siempre, duraban poco en la ardua tarea de acompañar a los insoportables asadores, y volaban al interior de la casa para meterle a sus quehaceres higiénicos.

Esta última es una obra de arte de emilio, sacada con el obturador abierto un rato para paliar la falta de luz, y la anulación del flash. El resultado? que el haz de luz de la linterna de pablito se vea como signo de un enviado de la providencia.

El día siguiente fué destinado a la aventura mayor de las vacaciones: ir a pozo salado. Esta es una playita que queda bastante lejos (200 km si mal no recuerdo), perdida en el medio de la nada, a la cual se accede despues de unos 60 km de ripio. Esa lejanía l ahace especial, porqeu no hay casi nadie, ni casas, ni nada. Solo una proveeduría precaria a la entrada, y un par de carpas de locales conocedores de la buena vida. LLegamos después de un rato de manejo, y medio arrepentidos por haber salido tarde de la casa (post almuerzo), pero nos dispusimos a aprovechar lo ams posible de esa maravilla natural, de kilómetros playas vírgenes, y todas para nosotros. Largamos con un partidazo de tejos, despues manguyamos algunas galletitas con mate, y partimos hacia la punta mejillón, que es ni mas ni memos una piedrota puntuda llena de mejillones del mas variado tamaño que esta en la interfaz arena-agua a cosa de 1km de donde habíamos hecho campamento. Ahi juntamos unos cuantos mejillones, que teníamos pensado cocinar esa misma noche, a modo de cena bacanaza total.

Nuestra idea era quedarnos hasta que el sol bajara del todo (pese a que se haría tarde para el regreso), pero enfilamos al auto un cachito antes porque estaba refrescando y había una brisa importante. Pero la mecánica se pueso de nuestro lado, y al tener que cambiar una rueda del pablomovil la salida se retrasó bastante, y llegamos a capturar el momento en que el sol se escondía atrás del mar. Un momento pinacular, cúlmine, excelso.

Asi que despues de solucionar ese diminuto inconveniente retomamos el camino, con un problema mas grande entre manos: nos estábamos quedando sin nasta en el miliomovil. Como no hay muchas estacion de servicio a la redonda, decidimos ir despacio y llegar hasta el pueblo mas cercano, que queda a pocos km de viedm. En teoría no llegábamos, pero rezandole a San Bachino, y andando muy despacio, al cabo de 3 horas logramos llegar hasta San Javier, donde la unica estacion de servicio estaba cerrada (cosa facilmente adivinable, ya que todos son chacareros que se acuestan temprano para laburar al otro día), y con el olor de la nafta que quedaba llegamos hasta una estacion de servicio a la entrada de viedma, lo que se dice en la jerga del grupo, hicimos la tres tacos y nos salió bien. A esa hora el bagre picaba alarmantemente, y en una maniobra magistral conseguimos fideos y crema de leche en el mercadito de la estacion, que era el unico lugar que podiamos encontrar abierto siendo un poco mas de medianoche. Asi que al llegar a la casa, ya hechos bosta por el trajín, nos pusimos con agus a limpiar los mejillones con frenesí, para poder comerlos ahi mismo, y no tener que tirarlos porque posiblemente iban a estar malos al otro día. Había que sacarles esos bichitos que hacen una caparoncita calcárea, y que les dicen dientes de perro, enjuagarlos, y meterlos en una ollita con un poco de agua para cocinarlos. Pero vaya sorpresa, habia muchos mejillones con un montón de diente de perro, y ahi nos enteramos que emilio juntaba de esos porque eran mas grandes, un capo!! Una horita despues ya teniamos los bichos limpios, y un pisito de agua con albhaca hervia, cocinándolos y haciéndolos abrirse de a poco, mientras en otra olla preparabamos la pasta y le metíamos crema para saborizarlos y que no se peguen -vale la pena notar que los fideos eran de cuarta, pero por el momento, los mejillones y la compañia, eran como amasados por la nonna de fellini a mano en un domingo napolitano extremo-

Para rematar la noche de bacanal, milio había comprado lo mas parecido a un champú que consiguio, en una jugada secreta a espaldas de todos que realizó en la misma estación de servicio donde habíamos comprado la pasta. El cadaver del Murville junto con las cascaritas de lo smejillones son nuetras prueba mas contundente.

El día siguiente ya estaba destinado para ir a conocer viedma, almorzar algo ahi, y despues ir a la chacra a comer un chanchito que turi estaba guardando para nosotros. Asi que nos levantamos cuando pudimos, nos acicalamos un poco, y partimos rumbo a la gran ciudad. Ahi dimos una vuelta, recorrimos la costanera, bajamos para ver un poco al río, y nos compramos unas galletitas roscas y panes de un chico de un instituto de rehabilitacion que nos vio cara de turistas comprones (con absoluta razón y ojo clínico). COmo estava muy ventoso, dimos otras vueltas hasta encontrar un lugar ams reparado, donde hicimos el picnic del mediodía/siesta.

Ahi nos quedamos paveando un rato, y después partimos a la chacra, donde nos esperaba la dura tarea de pasear por entre los olivares, contarles un poco a los chicos cuales eran los planes, despues volver a organizar la picada y empezar con unpar de totines encima a prender el fuego y ver como hacer para cocinar el porcinillo malarriado ese que nos esperaba.

MIentras los varones nos encargabamos de hacernos los ocupados con el asado, las chicas se fueron a ver el atardecer que estaba espectacular, y caro sacó esta foto que me encanta

Al rato nomás, cuando ya mermaban los quesos y los salames (pero el vino resistía, quizás porque había hectolitros), el chochán ya crujía con ganas de ser devorado

Y aquí estamos en la mesa, llevando a cabo la acción generadora de esa magnífica visita: morfando el porcino rostizado

El día siguiente era el último para pablo, pau agus y lau. Los dos primeros seguirían de joda en brasil, y como los autos no alcanzaban, arrastraron a agus y lau un día antes de lo previsto. Climatológicamente no salio de lo mejor, medio fresquete y con un poco de ventolín, asi que nos dedicamos a preparar uno de los manjaretes que emilio tiene bajo la manga: chipás blancaflor. También salimos a apsear por el pueblo, y terminamos recalando en un pescadero de la desembocadura, donde pensabamos que podríamos conseguir pescado fresco, pero nos quedamos con las ganas.

El día después fué distinto sin los chicos (se fueron temprano a la mañana), pero había que vivirlo igual, asi que repetimos paseo por el camino de la costa, pero parando en playitas intermedias. Una de las paradas fue una bajada donde hay un par de peuntes conectando unas rocas enormes que la gente usa de muelle para ir a pescar.  Los puentes estan muy oxidados, y la bajada esta clausurada, pero la gente va lo mismo, y la verdad que bastante razón tienen, porque el lugar es hermoso. Nos mandamos hasta los puentes, pero yo me animé solo a cruzar el primero (tenia baranda) y el segundo lo dejé para gente menos vertiginosa.

De regreso, nuevamente la marea estaba alta, asi que no habia nadie en las playas (ahora sumergidas), y nos encontramos de repente en una bajada muy linda, con nadie alrededor, y la marea bajando, con lo cual pudimos sentarnos en unas piedras a ver atardecer mientras tomabamos unos matecitos. Que bacanazos.

Al regresar a la casa, andábamos antojados de rabas, asi que que hicimos? Nos fuimos a viedma, apsamos por la anónima, y compramos como dos kilos de anillos de calamares, volvimos a la casa y pusimos manos a la obra (ivi las empanaba mientras yo preparaba una salsa con bolitas de carne para la cena del dia siguiente: parmigiana). Que buenas que quedaron! Comimos opíparamente por n-ésima vez, por suerte teníamos aún tintillos para ayudar a la digestión.

El día siguiente podía ser el de regreso, pero no teníamos apuro, y como la casa estaba paga, decidimos quedarnos, y retornar tempranito al oootro día. Asi que salió de “uno mas y no jodemos mas”. Como era el ultimo, decidimos tomarnoslo tranquilo, dormir bien, y no innovar demasiado, cosa de que no haya sorpresas.  Asi es que almorfamos algunas sobras, y salimos para la lobería. Pasamos la tarde en la  playa, que se negó nuevamente a tener marea baja, y retornamos medio temprano para terminar la parmigiana, que resultó ser un éxito total. A los chicos les encantó, a nosotros ya nos encanta desde hace rato, y la compañía de un Diego Murillo no desentonó.

Asi es que nos quedamos charlando un poquito, recordadno historias de esos, días, y nos fuimos al sobre no muy tarde, que al otro día disparábamos para La Plata.

El viaje fué una seda, con parada cerca de bahia a comer algo, y llegamos a LP a la tardecita. Verdaderamente un viaje inolvidable, y mas que digno de ser repetido. Veremos si con criaturas la muchachada se anima…

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