Camping en Maine

Una de las cosas que hace rata (castor mas bien) que teníamos ganas de hacer es salir un poco de camping, ya sea por la zona, o lejos de la zona, pero estar un par de días en carpa en algún lugar medianamente tranquilo.  Asi que un día charlando con Bill quedamos que iríamos medio en patota a algún lugar en Maine. Y porqué Maine? porque según parece ahi hay muchas langostas y son baratas, o mas bien, menos caras que en otros lares. Eso fué motivo, o excusa, suficiente para tomar la decision de manejar 5 horitas hasta el camping donde terminamos recalando, en las afueras de Kennebunkport (para los conocedores de la geografía gringa, en la periferia del pueblo los  buch tienen un caserón de verano muy impresionante).

Aparte de nosotros, los viajantes (Bill y Naomi, Christian y Sheri,  Vishal y Vito – un tano que hacía de reemplazante de Marco)  tenían en promedio 2 segundos de camping cada uno, asi que fuimos en 3 autos, absolutamente abarrotados de porquerías, ropas, implementos de cocina, etc. Viendo que la mano para organizar la partida venía muy lenteja, decidimos salir primeros con el alemán, asi preparabamos las carpas y teniamos las cosas en orden para cuando arribara el grueso.

Asi es que apenas llegados nos pusimos a armar las carpas, y prendimos un fueguito para preparar los sochoris que habíamos llevado pensando en hacer algo sencillón para la cena.

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Mientras estabamos preparando esto nos llama el convoy de retardados par avisar que estaban haciendo una parada técnica en un supermercado de chupi, del cual terminaron trayendo varios litros de tinto, champagne, lemoncelo, tequila, y un par de otras cosas que el coma etílico sufrido me ha hecho olvidar — conste que el chupi duró los 3 días, y hasta sobró algo.

Al día siguiente, y luego de un buen torre en las megacarpas que teníamos, decidimos ir a la playa, que para algo habíamos elegido esa zona. Dos de las tres chichis (descontar a caro) optaron por una “duchita” antes de salir, asi que una hora y media despues de lo planeado le encaramos a la playa, y hago notorio que estaba que explotaba por la pelotudes de estas citadinas, preparándose como para ir al Carnegie Mellon, en ves de poder ubicarse un poco en donde estaban paradas, pero en fin, terminamos yendo y el lugar resultó precioso, como posiblemente puedan apreciar en las fotitos. Las playas muy amplias, de arena finoli, y dentro de todo con poca gente alrededor. Las olas, ausentes con aviso, y el agua dentro de todo fresca, aunque el segundo día tuvo una mejora sustancial de 3-4 gradetes, que la hacía altamente apetecible.  Como había llevado el fulbo, pateamos un rato, destacándose el tano por su dominio de balón, y vichal y bill por su total carencia del mismo.

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Despues de playear un rato nos fuimos a almorfar al camping, y sacamos esta foto que no dice mucho, mas que poder ver reunidos  a todos los presentes y observar un poco el nivel del campin, con copas de champagne y todo

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A la tarde playeamos otro rato y nos fuimos a cenar al pueblo, o mas bien, al puerto del pueblo, donde había un restaurancito con porquerías marinas muy frescas. Les debo las fotos porque no las encuentro, pero igual no captaban la escencia del momento. El morfi era tan rico como insalubre, ya que el 90% de los platos eran cosas de mar escalopadas y bien fritas, y el otro 10% no valía la pena, o  venía acompañado de papafritas. Vale decir, comimos como los dioses.

Regreso a la carpa, y prendida de fuego para preparar S’morse (pronunciado shmors o ymors, como mas les guste), que no es mas que quemar un poco a los malvaviscos y comerlos con una galletita medio dulzona y un pedazo de chocolate, que se reblandece por el contacto con el malvavisco carbonizado. Una experiencia altamente gringa, que no dejo de recomendar a todo acampante que cruzo por las calles de Storrs.

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Levantada tardía, y repetición de rito duchil. Idem reacción del que suscribe. Nuevo día de playa (pectacular), pero de un tirón para terminar temprano y salir de compra langostil/pescadil.  Compramos una langosta per cápita, ahora contando a Úrsula y Ramiro que se nos unían esa noche, y un poco de pescado para hacer un ceviche. No recuerdo ya que bicho era, pero salió buenísimo, y las langostas preparadas en olla al fuego fauto, mejores aún. Mucha charla, mas brindis, y los vecinos que nos odiaban por hacer tanto quilombo, pero en cierto modo supongo que se contagiarían un poco de la alegría que teníamos. Terminamos a altas horas de la madrugada, pipones y entonadísimos.

La mañana siguiente  debíamos retornar, asi que hicimos todo mas lento que de costumbre, lo cual me sorprendió porque pensé que no era posible. El desayuo fue bien a lo gringo, huevos trevueltos, un poco de panceta, y una sartén de cebolla revuelta con huevo, además de café y alguna que otra galletilla. No estuvo a la altura de la expeciencia malvavisqueana, pero le dió cerca.

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Una vez fuera del camping pasamos por el pueblo, para pasearlo un rato, y terminamos almorfando ahi, esperando que baje el solcito para hacer el viaje de vuelta. Bien se puede decir que el viaje fué un éxito rotundo, aunque a mi me quedaron las ganas de estar un poco mas en la playa, cocinar un asadito como la gente, y jugar un par de partidos de futbol y tejos, pero la perfección es muy difícil de obtener, asi que con lo que tuvimos me doy por bien pagado, y espero qeu el año que viene hagamos un camping, un poquito mas largo, y mejor desorganizado😉

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