Curiosidades nominales

Hoy me enteré que el 3 de diciembre fué el día de mi onomástico, asi que me dedique a averiguar algunas cosillas, primero sobre la etimología del nombre, y ya que andaba, encontré unos comentarios interesantes sobre la jota, que les pegoteo acá abajo:

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La población de Javier, en Navarra, es conocida por su antiguo castillo que remonta al siglo X. En ella nació, en el siglo XVI, San Francisco Javier, discípulo de San Ignacio de Loyola, que predicó en la India y en Japón y cuya festividad se celebra el 3 de diciembre. La etimología de Javier está en el vasco dialectal EXABERRI (‘casa nueva’, ETXEBERRI en euskera estándar, de donde proceden también los apellidos Echeverría y Echevarría). Javier se halla, sin embargo, en una zona que sufrió la romanización desde antiguo, por lo que el nombre ha experimentado la evolución fonética propia de la lengua castellana (aféresis de la e- inicial, transformación en -e y posterior desaparición de la vocal final, diptongación en -ie- de la -e- tónica y, finalmente, transformación de la palatal fricativa representada por “x” en la laríngea actual representada por “j”)

Variantes: Javi. En bable, Xabilin. En gallego y euskera, Xabier. En catalán, francés e inglés, Xavier. En alemán, Xaver. En italiano, Saberio. En irlandés, Savy. Su forma femenina es Javiera.

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“En qué año fue incorporada la “J” al alfabeto español.

La historia de la letra “j” es breve, pero compleja. Dicha letra no existía ni en latín ni en griego. Fue inventada por el humanista francés Pierre de la Ramée (Petrus Ramus) a mediados del siglo XVI. En realidad, Ramus se basó en la tendencia medieval a escribir la letra “i” (llamada iota en griego) curvando ligeramente su extremo inferior hacia la izquierda. El propósito de Ramus fue usar la “i” para transcribir la “i” latina de valor consonántico y la “j” para transcribir la “i” de valor vocálico (y lo mismo con respecto a la “v” y la “u”).

En castellano, los criterios adoptados por los gramáticos fueron discrepantes desde el principio, aunque en general se solía escribir con “i” (o con “y”) la actual “i” y con “j” las palabras que en aquella época se pronunciaban con un sonido similar al de la “j” francesa. La mayoría de las palabras que hoy pronunciamos con el sonido moderno de “j” se escribían con “x”, ya que se pronunciaban como la “sh” del inglés. El sonido representado con esta “x” evolucionó a la pronunciación actual, pero siguió escribiéndose “x” durante mucho tiempo. La Real Academia Española se decidió a usar la “j” en lugar de la “x” en la 8ª edición de su “Ortografía” (1815) y en la 5ª del “Diccionario” (1817). Más detalles sobre el uso de estas letras pueden ser consultados en “Nuestra lengua en ambos mundos”, de Ángel Rosenblat, Salvat Editores-Alianza Editorial, 1971.

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