Roma, parte 1

Como quien pasea por la plaza de su pueblo estuve dando vueltas por Roma. Una experiencia inolvidable, pese a lo breve. Ver las ruinas al lado tuyo es algo con tintes de májico. No se puede creer que todavía estén ahi, y menos se puede creer que hace tantos años se pudieran construir cosas de ese tamaño y complejidad.

Cuando llegamos al trocén estacionamos, y caminamos por la plaza Venecia, que está frente al monumento Vittoriano, un símbolo de la reunificación Italiana (es decir la conquista del sur en manos de Garibaldi y su ejercito de mercenarios pagados por el norte). De ese monumento se puede ver toda Roma, pero lamentablemente no pudimos ir hasta lo más alto porque el techo estaba en reparación. Igual se ve bastante desde el piso a donde llegamos (panorámica por venir). A pasitos de allí está el coliseo (también hay ruinas por todos lados, impresionantes), a donde fuimos pasando antes por un par de puertas antiquísimas, y ver como era la construcción Romana al pasar por entre un mar de ruinas que te hacen sentir chiquitito (y miserable, porque la cantidad de ladrillos que gastaban esos monos es impresionante). No entramos al coliseo, primero porque la cola era larga y el calor mucho, y después porque te cobran los muy chotos.

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Después de esta caminata histórica volvimos al fresco del auto, y pasamos por la casa de Berlusconi, también sede de su partido de piratas, y dimos unas vueltas mas por el centro, viendo tantas cosas en tan poco tiempo, que no me acuerdo de ninguno de los nombres (pero son conocidos, lo juro). Pasamos tambiéen por el vaticano, medio rapidongo fue, y sin bajarnos del auto, pero le tiré un par de fotos, y vi a uno de los arlequines que ofician de guardias, muy pintorezco (un eufemismo, en realidad es muy ridículo). Lo último antes de volver a la autopista fué pasar por el Circo Máximo, que en realidad es el pedazo de tierra donde estaba el circo. Es una plaza de 400 metros de largo, a la vera de un camino, donde todavía hoy se organizan eventos multitudinarios, pero donde no hay un asientito ni por putas. En realidad es completamente yermo, no hay ni medio ladrillito, y uno debe hacer un gran ejercicio de imaginación para pensar que ahi estuvo alguna vez el circo, con las carreras de carros y los negros reventandose a sablazos. Pero según dicen, pasó, y estar ahi te hace creerles un poco más.

Después paseamos un poco mas por roma, pero sin querer, ya que mientras marco buscaba la salida yo aprovechaba para ver milles de callejas mas. Es cierto que desde el auto no se parecia muy bien, pero me bastó para apreciar la cantidad de cosas que tiene roma para ver. Además esas callejuelas con negocitos, las estatuas por todos lados, las casa viejas con el revoque por la mitad, son todas cosas que hacen a la magia de la ciudad vieja, regada de historia. Espero volver el viernes antes de partir, esta vez con Marco2, y poder recorrer a pata un poco mas, en inclusive clavarnos algún tintillo romano. Ave.

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